corazon pleno

De niño, las personas suelen ser educadas desde una edad temprana a pensar más allá de sí mismas y a prestar atención a las necesidades de los demás. Ya sea a través de la educación familiar, la escuela o la religión.

De este modo, ver más allá de uno mismo y fijarse en la gente que le rodea forma parte de la vida en sociedad. Seguro que te han enseñado a cuidar, atender y pensar en las necesidades de los demás.

Aunque no siempre tengas éxito:

  • Sé lo suficientemente empático;
  • Preocúpate por los demás cuando lo necesites;
  • Actuar «perfectamente» por el bien de los demás…

Sin duda, has recibido instrucciones directas o indirectas a lo largo de tu vida para seguir este camino de atención a las necesidades de las personas que te rodean.

Una vida plena y equilibrada

Al fin y al cabo, en el fondo, ¿a quién debemos cuidar: a nosotros mismos o al otro? ¿Tenemos la culpa del mundo? ¿Tenemos la culpa de nosotros mismos? ¿Cuál sería entonces la forma correcta de actuar? La clave es el equilibrio. Pero, ¿cómo funciona esto en la práctica?

Para una vida plena y equilibrada, hay que saber verse a sí mismo correctamente para luego poder estar en armonía con las necesidades de los demás. Este «mirarse» a sí mismo es un acto de gran amor a las propias necesidades y supone varios valores a tener en cuenta:

Autoconocimiento

Cuando somos capaces de entender lo que es realmente importante para nosotros, aceptando nuestras emociones y trabajando hacia una armonía de pensamientos y acciones. Comprender los desencadenantes internos y externos que nos mueven hacia sentimientos «positivos» o «negativos». Entender el patrón mental y cómo estamos estructurados a través de nuestra historia de vida y aprender de lo vivido.

Autoestima

Cuando somos capaces de manejar nuestras emociones, aceptando las «positivas» y las «negativas». Para respetarse adecuadamente es necesario conocerse bien a sí mismo y, con ello, comprender tus propios límites, tus prioridades, tus valores y tener claros los objetivos.

A través del autoconocimiento en forma de respeto por ti mismo, puedes entender cuándo es el momento de decirte que no a ti mismo o a otro. Respetar lo que eres también consiste en aceptar lo que sientes. Aceptar no es necesariamente que nos gusten todas las emociones que experimentamos. La aceptación consiste en tolerar, reconocer y comprender la función del placer o el dolor emocional.

Buenas elecciones

Cuando actuamos de forma consecuente y coherente con nuestros valores, emociones y pensamientos, es más probable que elijamos con serenidad y bienestar. Tomamos buenas decisiones cuando nos centramos en lo que necesitamos sin perder la conciencia y el sentido del conjunto, es decir, mirándonos a nosotros mismos sin perder de vista el impacto que nuestras decisiones pueden tener en las personas con las que convivimos.

La buena toma de decisiones no es una lucha entre el mundo y yo, sino una elección que me satisface sin destruirme a mí mismo ni al otro. ¿Es fácil? No mucho, pero completamente posible.

Para mirarse a sí mismo sin ser egoísta hay que plantearse tener una buena conversación con quienes se vive.

Por ejemplo, si quieres cambiar algunas reglas en la relación, o quieres dejar de hacer cosas que crees que son o deberían ser responsabilidad del otro, lo ideal es: hablar con el primero, hablar con él/ella antes de tener que «dejar a otro para aprender la lección».

Estoy de acuerdo en que algunas personas pueden incluso comportarse de forma «abusiva», actuar de forma «perezosa» o incluso «despistada», pero la mayoría de las personas no son así; son personas que intentan encontrarse a sí mismas en el mundo y en las relaciones. Hablar, establecer reglas, acuerdos sobre lo que se puede prever. Mucho de lo que pensamos que es imprevisible puede serlo en realidad.

Ten en cuenta que escuchando, sintiendo y tomando conciencia de lo que es importante para ti, nunca serás egoísta. Darse a sí mismo es posible sin desgarrarse. Pero entregarse más allá de lo posible es un signo de baja autoestima, de miedo a perder al otro, de dependencia afectiva y de duda sobre si se es o no suficiente para merecer ser amado.

Si crees que alguien te quiere sólo porque eres un «hazlo todo» para el otro, mejora tus relaciones, te hará mucho bien. Si alguien está en una relación contigo sólo porque es inseguro de sus ideas, tiene miedo de decir no y no sabe poner límites, revisa la forma en que te tratas a ti mismo. ¿Qué muestra a la gente sobre la forma en que te tratas a ti mismo? Tú eres tan importante como el mundo que te rodea.

Para mirar a los demás con compasión, respeto y empatía hay que entender que dando no se pierde. Que puedas ofrecer lo mejor de ti al otro y dar atención, afecto y sobre todo tu tiempo sin perder tu espacio, sin dejar de atenderte a ti mismo de forma saludable.

Encontrar el autoconocimiento en la autorreflexión, en el proceso psicoterapéutico y en el trabajo emocional de las nuevas elecciones y el cambio personal. Deseo que aprendas que compartir lo que tienes fortalece tanto al que da como al que recibe.

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